06 de Febrero de 2026, 08:55 hs
En 2025, el consumo per cápita de ese alimento volvió a subir y alcanzó 116,4 kilogramos por habitante, un volumen que no se observaba desde 2020 y que representa un aumento interanual de casi el 4%. La proteína porcina y la aviar suman adeptos y diversifican el mercado.
En un año que estuvo marcado por tensiones económicas, variaciones en los precios de los alimentos y la búsqueda de alternativas más accesibles para los hogares, Argentina cerró 2025 con un incremento notable en el consumo de carnes consolidando una tendencia que venía gestándose desde años recientes.
Según los datos oficiales difundidos por la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, el consumo per cápita de carnes volvió a crecer durante el año pasado y alcanzó 116,4 kilogramos por habitante al año, un nivel que no se observaba desde 2020 y que representa un aumento interanual de casi el 4 % respecto a 2024.
Este crecimiento de 3,85 % interanual no solo refleja una recuperación estadística, sino también una transformación en los hábitos alimentarios de los argentinos, quienes diversifican sus fuentes de proteínas y ajustan su consumo ante un contexto económico desafiante.
Diversificación
Tradicionalmente, la carne vacuna el asado, bifes y costilla, entre otros cortes fue un símbolo central de la dieta argentina. Sin embargo, el aumento de precios durante los últimos años impulsó a muchos consumidores a optar por alternativas más económicas, como la carne porcina (cerdo) y la aviar (pollo).
En detalle, la carne vacuna a pesar de su tradicional preferencia cultural registró un incremento de consumo moderado: pasó de 48,49 kg por habitante en 2024 a 49,92 kg en 2025 (+2,94 %).
Mientras tanto, la carne porcina experimentó un avance notable, al subir de 17,42 kg a 18,89 kg per cápita (+8,44 %), y la carne aviar también mostró un crecimiento positivo, de 46,25 kg a 47,68 kg (+3,07 %).
Este aumento en el consumo de cerdo y pollo no es casualidad. A lo largo de 2025, los cortes vacunos se ubicaron entre los productos cárnicos con mayores subas de precios, muy por arriba de otros alimentos básicos, empujando a muchas familias a ajustar sus compras y buscar opciones más accesibles.
Efecto bolsillo
Durante 2025, los valores de los cortes de carne vacuna medidos por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) acumularon un alza promedio muy por encima del nivel general de inflación del año. Por ejemplo, algunos cortes populares como el cuadril, la paleta o la nalga experimentaron incrementos que superaron ampliamente la media del rubro alimentario.
En contraste, productos como el pollo entero aumentaron de precio en proporciones mucho menores, haciendo que su compra resultara relativamente más accesible para el consumidor promedio.
Este fenómeno precio de vaca hacia arriba, precio de pollo hacia abajo funcionó como un incentivo para que la dieta de proteínas de los argentinos se moviera hacia una mayor presencia de carnes porcina y aviar.
Tendencia estructural
Desde el Estado se interpretó este cambio como parte de una tendencia estructural de diversificación de la ingesta de proteínas animales. En un comunicado oficial, desde el área ganadera señalaron que el progreso en consumo de carnes porcina y aviar fue clave para dinamizar el crecimiento del consumo total.
Analistas nutricionales y economistas ven este fenómeno con matices: por un lado, se celebra la ampliación del repertorio alimentario, con platos más variados que incluyen no solo la tradicional carne vacuna. Por otro, se señala que este ajuste puede responder más a razones económicas que propiamente a cambios culturales en la alimentación: cuando un alimento se encarece, el bolsillo condiciona las decisiones y obliga a optar por alternativas más económicas.
Con estos datos, Argentina encara 2026 con una radiografía más clara de los hábitos de consumo en materia de proteínas animales. El crecimiento global del consumo de carnes, junto con la diversificación entre vacuno, porcina y aviar, abre interrogantes sobre cómo evolucionará la preferencia de los consumidores si persisten las presiones de precios y cuáles serán las políticas públicas necesarias para sostener una producción accesible y nutritiva para todos los segmentos sociales.
Más allá de las cifras y los porcentajes, lo cierto es que la mesa cotidiana de los argentinos sigue siendo un elemento clave de la vida social y económica del país. Y en ese escenario, la carne en todas sus variantes continúa teniendo un papel protagónico, aunque ahora en un contexto de mayor pluralidad de opciones.


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