El Reino Unido acaba de confirmar una verdad incómoda: durante décadas, las autoridades británicas y el servicio de salud del país expusieron a sabiendas a decenas de miles de pacientes a infecciones mortales por medio de sangre contaminada o productos derivados contaminados, y encubrieron el hecho.
Las transfusiones con sangre contaminada infectaron a más de 30.000 personas con el VIH y la hepatitis C entre 1970 y 1991, y unos 3.000 adultos y niños murieron como consecuencia de uno de los mayores desastres sanitarios en la historia del país.
Una investigación independiente llevada a cabo durante cinco años en el Reino Unido por el exjuez Brian Langstaff determinó que las infecciones y muertes de pacientes “no fueron un accidente” sino que podrían “haberse evitado mayoritariamente”.
En su informe de de 2527 páginas, Langstaff criticó duramente a gobiernos sucesivos y a profesionales de la medicina por “un catálogo de fracasos” y por negarse a aceptar responsabilidad con el fin de proteger sus reputaciones o ahorrar dinero. Halló que hubo intentos deliberados para ocultar el escándalo y evidencias de que funcionarios del gobierno destruyeron documentos.
“Este desastre no fue un accidente. Las infecciones ocurrieron porque los que estaban en posiciones de autoridad —doctores, servicios de trasfusiones de sangre y gobiernos sucesivos— no le dieron prioridad a la salud del paciente”, declaró. “La respuesta de los que estaban en posiciones de autoridad agravó más el sufrimiento de los afectados”.
El gobierno británico prometió indemnizaciones a las víctimas
El primer ministro, Rishi Sunak, se disculpó con las víctimas y dijo que la publicación del reporte era “un día de vergüenza para el estado británico”. “Lo lamento de verdad”, dijo Sunak en una Cámara de los Comunes abarrotada y en silencio. “El reporte de hoy muestra un fallo moral de décadas en el corazón de nuestra vida nacional. Desde el Servicio Nacional de Salud al servicio civil, a ministros en gobiernos sucesivos, a todos los niveles de personas e instituciones en los que hemos depositado nuestra confianza fallaron de la forma más espantosa y devastadora”.
El secretario de Estado del Ministerio del Gabinete, John Glen, señaló que el Gobierno indemnizará con pagos adelantados de 210.000 libras (270.000 dólares) a las víctimas que aún viven, antes de establecerse cuáles serás las indemnizaciones finales.
El escándalo es considerado el desastre más mortífero en la historia del Servicio Nacional de Salud británico (NHS) desde que fue creado en 1948.
Desde hace décadas, grupos de víctimas y sus familiares exigían una rendición de cuentas y compensaciones por parte del gobierno. La investigación finalmente fue aprobada en 2017, y en los últimos cuatro años se examinaron evidencias de más de 5.000 testigos y más de 100.000 documentos.
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